18 mar. 2013

Esa noche...

Yo no queria enamorarme. Ni siquiera estaba en mis planes. Ni siquiera él estaba contemplado. Fué algo extraño, nunca me habia dado la oportunidad.

Fué extraño. Llegó en un momento clave. En el momento en que yo ya habia renunciado a empezar de nuevo... de hecho fué el mismo dia, la misma noche que alguien más decidió separarse de mi y dejarme libre... y algo desdichada.

Sin embargo, fué su abrazo el que me reconfortó. Fueron sus abrazos y sus palabras las que me hechizaron esa noche. Jamás me habia sentido tan apreciada.

De haber construido un muro y nunca mirar hacia otro lado, de pronto me di cuenta que él siempre habia estado ahi, pero nunca lo habia visto.

Callado, educado, cautelozo, frio, desconfiado, distante e insensible. Así era él antes.

Un poco triste, un tanto rencoroso e incrédulo.

Y después de un tiempo, esa persona se convirtió en mi luz.

Después de largas caminatas, muchas aventuras, 4 meses y muchas noches más, lo amo, lo detesto, lo adoro y lo odio.

Lo amo por que cree en mi, soy única para el y me valora, es consiente de que no encontrará otra como yo.

Lo detesto por que no hay manera en que pueda estar enojada con él, por que me enamoré de él y no puedo dejar de pensar en él. Me ha envenenado los oidos de palabras dulces y me ha cegado con ilusiones.

Lo adoro por la forma en que me adora, como me mira, como me trata y como me toca. Por que nunca me habia sentido idolatrada y ahora él es parte de mi mundo.

Lo odio por que se ha ganado mi confianza, por que también él también puede romper mi corazón y puede destrozarme si lo quiere. Por que ya estoy haciendo planes poniéndolo a él en mi futuro y eso me da miedo.

Mientras tanto, agradezco a otro por haberme dejado, por haberme ignorado y por haberme dado la espalda tantas veces. Ahora soy muy feliz con alguien más.



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